El Cordero Místico de Gante: el tesoro de San Bavón.


Hay obras maestras en la historia del arte que no pasan desapercibidas al espectador y el Cordero Místico de Gante es una de ellas. Es una obra que en sí misma encierra historia, robos, polémicas, controversia… A lo largo de este post vamos a intentar acercarnos un poco más a esta obra y descubrir el porqué de su enigma, el porqué de su fama.

Nos situamos por tanto en torno a 1419, cuando Felipe III de Borgoña asciende al trono ducal para llevar a cabo un apogeo tanto cultural como económico de sus dominios, que se extendían desde el Franco Condado hasta Frisia (Países Bajos). Su buen reinado le valió el sobrenombre de “El Bueno”, ya que supo mantener un periodo de paz y estabilidad duradera en el territorio, a pesar de estar implicado en guerras como la de los Cien Años. También se encargó de embellecer ciudades en las que dio trabajo a numerosos artesanos, artistas y músicos a lo largo y ancho de sus dominios. Varios de los más grandes artistas de la época le sirvieron directamente a él y su corte, como será el caso de Jan Van Eyck. La burguesía, además, posicionada en un estatus elevado por esa prosperidad que mencionamos, empezó a encargar obras de arte importantes, igual que los gobernantes seculares y eclesiásticos.

En este ámbito situamos a Judocus Vyd y su esposa Lysbette, que pertenecían a familias prestigiosas de la ciudad y que fueron de los primeros burgueses en la ciudad de Gante. Vyd era feligrés de la antigua iglesia parroquial de San Juan de Gante (hoy Catedral de San Bavón) y entre los años 1410 y 1420 asumió la financiación para la restauración de una de las capillas radiales de la iglesia de San Juan. Es por ello que esta capilla actualmente lleva el nombre de “capilla de Vyd”. Por este motivo de mecenazgo, su esposa quiso también dejar constancia de esta restauración encargando un altar costoso, cuyo fin era “una fundación”, que en otras palabras quiere decir la celebración de un ritual determinado en esa capilla con carácter perpetuo. Por ello, una vez ejecutado el altar del Cordero Místico, tendrían lugar en esa capilla “una misa diaria en honor a Dios, su madre bendita y todos los santos”. Este altar fue realizado por los hermanos Van Eyck en torno a 1432. Está realizado en óleo sobre madera y responde a una altura de 375 cm.

Políptico de Gante. Hubert y Jan Van Eyck. 1432. Catedral de San Bavón, Gante.

El altar del Cordero Místico responde a un retablo con estructura de tríptico dividido en 24 tablas. Al responder al modelo de tríptico, puede contemplarse dos caras en el mismo, de manera que al cerrarse se pueden ver en el reverso otras escenas distintas a las del interior, normalmente de corte religioso. El retablo solo se abría en jornadas festivas. En días normales, las hojas estaban cerradas y no se veía más que la cara de la Anunciación a María. No es casualidad que los colores de la cara interior sean mucho más luminosos y alegres que los de las hojas cerradas. 

Comenzando por la cara cerrada, vemos que las representaciones atienden a las directrices dadas para su emplazamiento: aparecen los donantes y las representaciones de los dos santos bíblicos llamados Juan: San Juan Evangelista y San Juan Bautista, en referencia al anterior nombre de la catedral. El retablo cerrado se subdivide en dos niveles principales, mostrando encima de éstos cuatro figuras sueltas en los lunetos, que representan de izquierda a derecha al profeta Zacarías, la Sibila de Eritrea, la Sibila de Cumas y el profeta Miqueas. En los estudios de rayos X que se le han realizado a la pieza a lo largo de su historia, se ha podido descubrir que el pintor cambió el diseño del mismo durante su ejecución.

Vista del Político del Cordero Místico cerrado, en posición de diario.

En el primer nivel, bajo los lunetos, encontramos la Anunciación del arcángel San Gabriel a María. Se trata de una representación muy frecuente en la iconografía cristiana. Van Eyck integró las cuatro tablas en un único interior, si bien visto desde distintas perspectivas. En este bonito interior flamenco, con vistas a una calle de Gante, se le aparece el mensajero de Dios a María, quien levanta la vista desde un devocionario. El arcángel porta en su mano la azucena, símbolo de la virginidad de María.

El segundo nivel o inferior contiene cuatro nichos góticos que parecen esculpidos. Aquí se colocaron las figuras ajenas a la historia sagrada de la redención, pero de importancia capital para la creación del altar. En el centro, Van Eyck pintó dos imitaciones de esculturas en alto relieve de arenisca. Se trata de los dos santos que fueron decisivos para el encargo y contenido de la obra. A la izquierda, San Juan Bautista, claramente reconocido por el cordero que lleva bajo el brazo. A su lado, en la parte derecha, encontramos a San Juan Evangelista, que aparece representado con un cáliz en la mano, del que asoman víboras venenosas.  Esta escena hace referencia a una vieja leyenda, según la que San Juan había bebido de una copa de veneno y no se había muerto. A Ambos lados de los santos juanes, encontramos a los donantes del retablo. Jan Van Eyck era un retratista de talento insólito. Llama la atención que nunca embellece a sus modelos, sino que los reproduce con una psicología muy perspicaz. En el lado izquierdo encontramos a Judocus Vyd, en posición orante, arrodillado, con vestimenta sobria, al igual que su esposa Lysbette, con seriedad piadosa a los que hay que agradecer su generosidad por esta obra de arte.

Detalle de los santos Juanes junto con los donantes del retablo, en la cara cerrada del mismo.

El retablo abierto vuelve a presentar la misma estructura que el cerrado, aunque con un mayor número de tablas, 12. Dividido en dos niveles también, muestra en los extremos superiores a Adán y Eva quienes, en su desnudez y con esa postura, presentan un gran naturalismo. Se representan por ser los primeros padres bíblicos de la humanidad y son los únicos que se representan bajo fondo negro, para diferenciarlas de las figuras celestiales. Simbolizan a toda la humanidad redimida del pecado y de la muerte por el Cordero. Sobre Adán y Eva observamos dos pequeñas imitaciones de esculturas en arenisca que representan la primera consecuencia del pecado: la muerte de Abel a manos de su hermano Caín.

Detalle del luneto superior de la tabla de Eva, donde se aprecia la muerte de Abel a manos de Caín.

A los lados de Adán y Eva, encontramos, flanqueando las tres escenas centrales, a los ángeles músicos que, aunque no llevan alas, se consideran moradores de la corte celestial. En la izquierda, ocho ángeles músicos envueltos en ricos ropajes cantan frente a un facistol. En el lado derecho, una organista que parece ser Santa Cecilia, patrona de la música, con un manto ribeteado de armiño, deleita a los presentes con la asombrosa destreza técnica del pintor. Las tres figuras centrales responden a una tipología bizantina de representar a María, San Juan Bautista y en el centro a Dios Padre, quien supervisa desde el trono todo el proceso de la redención. El tratamiento de los detalles es fascinante, las coronas, los broches, el cetro… Todo está ricamente ornamentado con piedras preciosas, dotando a las imágenes de mayor divinidad si cabe.

Detalles de la parte superior del retablo del Cordero de Gante en posición abierta.

El nivel inferior contiene la escena más conocida del retablo, la Adoración del Cordero Místico. Llama mucho la atención la diferencia de proporciones entre el nivel superior y el inferior. Arriba, como es normal en los retablos e iconos góticos, encontramos unas figuras más sueltas de tamaño natural. Abajo se aprecian grupos enteros de gente reunida en un paisaje, reproducidos a una escala muy distinta de la primera.

Detalles de la parte inferior del retablo del Cordero de Gante en posición abierta

Toda nuestra atención es atraída por la gran tabla central. En un paisaje verde de horizonte escarpado, se celebra la liturgia celestial en torno al Cordero Místico, viva representación de Jesucristo. El Cordero se encuentra sobre un altar al que le sangra una herida, cuya sangre cae en un cáliz, alusión evidente de la eucaristía donde se conmemora sobre el altar la muerte y resurrección de Cristo, su sacrificio expiatorio por la humanidad. Alrededor del altar se encuentran catorce ángeles que le rinden honores. Sobre la escena se cierne el Espíritu Santo en forma de paloma. En primer plano, en el centro, se ve una fuente de bronce que vierte doce chorros, que simbolizan las doce tribus de Israel y los apóstoles. Es el número simbólico por excelencia de la Iglesia en su acepción de Pueblo de Dios. En el borde de la pila se puede leer “esta es la fuente del agua de la vida”, en relación al bautismo cristiano.

Tabla central del retablo, dedicada a la adoración del Cordero Místico.

Entre los árboles, grupos de santos afluyen a la pradera donde se celebra la liturgia. En el lado izquierdo, se representan los profetas menores, del Antiguo Testamento. En contraposición, en el lado derecho, se aprecia el grupo del Nuevo Testamento y de la Iglesia. Arrodillados, aparecen los doce apóstoles con San Pablo y Barrabás, los primeros predicadores del evangelio. Tras ellos, papas, obispos, diáconos y monjes complementan la escena. En el plano más alejado, vemos también grupos de cristianos que acuden a la Eucaristía y que representan a obispos y las santas mártires, claramente identificables por las palmas de victoria que portan en sus manos.

Detalle de las Santas Mártires acudiendo a la Adoración del Cordero Místico, en segundo plano de la composición.

Las cuatro tablas que flanquean la escena principal la completan en extensión y representan, en el caso de las dos izquierdas a los Caballeros de Cristo, y en el caso de las dos derechas a los ermitaños y peregrinos. Es como la dualidad entre el pueblo burgués y el llano que juntos, sin importar el estatus, llegan hasta la pradera para honrar a Cristo.
Como dato curioso, cabe decir que la tabla inferior del extremo izquierdo, que representa a los Jueces Íntegros, es una copia de 1939, ya que fue robada en 1934 y, hoy en día, sigue en paradero desconocido. La copia la realizó Jan Van Der Veken y, aunque es de una factura excelente, se muestran diferencias en el colorido.

Detalle de la tabla robada en 1934. Lo que hoy observamos es una copia de Jan Van Der Veken, de 1939.

Este retablo ha vivido numerosas aventuras. A pesar de su excelente estado de conservación, las tablas han tenido una historia agitada. Ya en torno a 1570, durante la lucha entre católicos y protestantes, el retablo debió ponerse a buen recaudo. Posteriormente, durante la Revolución Francesa, las cuatro tablas centrales fueron trasladadas a París, donde permanecieron hasta la derrota de Napoleón en Waterloo, en 1815. Tras el retorno de las tablas a Gante, el gran vicario de la ciudad, Le Surre, vendió las hojas laterales (Sin Adán ni Eva) a un anticuario por 6000 francos. Posteriormente se vendieron al rey Federico Guillermo III de Prusia, que las depositó en el Museo de Berlín, donde estuvieron hasta 1918. El resto de tablas que permanecían en la capilla de Vyd, sufrieron el incendio acaecido en dicha capilla en 1894, hecho que provocó que la tabla grande de la Adoración del Cordero se partiera por la mitad. En 1861, el Estado belga compró las tablas de Adán y Eva y las trasladó a Bruselas. Así, el conjunto quedó totalmente mutilado.

Habría que esperar hasta 1918 para que el retablo, totalmente dispersado, se volviera a reunir, tras el tratado de Versalles, donde los alemanes restituyeron las tablas de Berlín y el Estado belga devolvió a Adán y Eva. Sin embargo, en 1934, el retablo sufriría una nueva vicisitud, y es que la noche del 10 al 11 de abril de ese año, fue robada la tabla que representa a los Jueces Íntegros, como hemos comentado más arriba, que a día de hoy sigue sin aparecer.

En torno a 1940, las tablas fueron enviadas al castillo del rey francés Enrique IV en Pau, para ponerlas a salvo de los alemanes. Tras la presión de los contrarios, las tablas viajaron a Alemania donde casi desaparecen en 1945 debido a una voladura fallida que pretendían cometer para evitar que las obras cayeran en manos judías. Después de un tiempo en Bruselas, donde las tablas fueron examinadas, éstas volvieron a la Catedral de San Bavón, donde en 1986 fueron trasladadas a una gran urna de cristal en la Capilla Bautismal, para mayor seguridad. Esto ha generado mucha discusión, ya que la obra está totalmente desvirtuada de su emplazamiento original, donde se ha colocado una copia. Además, el retablo ya no se puede contemplar cerrado, ya que siempre permanece abierto en esa gran urna de cristal con una luz y temperatura adecuadas.

El retablo del Cordero Místico en su emplazamiento actual.

Durante el periodo 2012-2019, las tablas han sido restauradas en colaboración con el Museo de Bellas Artes de Gante, donde han sido tratadas en un taller abierto al público.


Taller de restauración en el Museo de Bellas Artes de Gante, donde podemos contemplar la primera fase de tratamiento, correspondiente a las tablas exteriores (altar cerrado).



Fuentes
ROLF, T. (2004) “El Gótico: Arquitectura, escultura y pintura”. Ed. Ullmann & Könemann
SCHMIDT, P. (2002) "El Cordero Místico de Gante". Gante- Amsterdam. Ludion Guides. 

Recursos electrónicos
Pinchando en el siguiente enlace pueden ver el altar en alta resolución y con todo lujo de detalles, además de ver los rayos X y las fotografías con luz ultravioleta que se le han realizado a las tablas durante el proceso de restauración. http://legacy.closertovaneyck.be/#home

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